domingo, 19 de octubre de 2014

Quiero compartir este bello poema de Rubén Darío el cual permite a los niños el acercamiento a el cuento sino propiamente a la poesía. Rubén  Darío, un grande  en verdad, escribió este  poema  como un regalo. Este poema  nace del amor,  de la amistad entre un hombre mayor y una niñita. Saquemos un tiempo de nuestra cotidianidad y compartamos este a nuestro niños, alumnos, hijos y sobrinos.
 Margarita está linda la mar, 
y el viento, 
lleva esencia sutil de azahar; 
yo siento 
en el alma una alondra cantar; 
tu acento: 
Margarita, te voy a contar 
un cuento: 


Esto era un rey que tenía 

un palacio de diamantes, 

una tienda hecha de día 
y un rebaño de elefantes, 
un kiosko de malaquita, 
un gran manto de tisú, 
y una gentil princesita, 
tan bonita, 
Margarita, 
tan bonita, como tú. 



Una tarde, la princesa 

vio una estrella aparecer; 

la princesa era traviesa 
y la quiso ir a coger. 



La quería para hacerla 

decorar un prendedor, 

con un verso y una perla 
y una pluma y una flor. 



Las princesas primorosas 

se parecen mucho a ti: 

cortan lirios, cortan rosas, 
cortan astros. Son así. 



Pues se fue la niña bella, 

bajo el cielo y sobre el mar, 

a cortar la blanca estrella 
que la hacía suspirar. 



Y siguió camino arriba, 

por la luna y más allá; 

más lo malo es que ella iba 
sin permiso de papá. 



Cuando estuvo ya de vuelta 

de los parques del Señor, 

se miraba toda envuelta 
en un dulce resplandor. 



Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho? 

te he buscado y no te hallé; 

y ¿qué tienes en el pecho 
que encendido se te ve?». 



La princesa no mentía. 

Y así, dijo la verdad: 

«Fui a cortar la estrella mía 
a la azul inmensidad». 



Y el rey clama: «¿No te he dicho 

que el azul no hay que cortar?. 

¡Qué locura!, ¡Qué capricho!... 
El Señor se va a enojar». 



Y ella dice: «No hubo intento; 

yo me fui no sé por qué. 

Por las olas por el viento 
fui a la estrella y la corté». 



Y el papá dice enojado: 

«Un castigo has de tener: 

vuelve al cielo y lo robado 
vas ahora a devolver». 



La princesa se entristece 

por su dulce flor de luz, 

cuando entonces aparece 
sonriendo el Buen Jesús. 



Y así dice: «En mis campiñas 

esa rosa le ofrecí; 

son mis flores de las niñas 
que al soñar piensan en mí». 



Viste el rey pompas brillantes, 

y luego hace desfilar 

cuatrocientos elefantes 
a la orilla de la mar. 



La princesita está bella, 

pues ya tiene el prendedor 

en que lucen, con la estrella, 
verso, perla, pluma y flor. 



* * * 



Margarita, está linda la mar, 

y el viento 

lleva esencia sutil de azahar: 
tu aliento. 



Ya que lejos de mí vas a estar, 

guarda, niña, un gentil pensamiento 

al que un día te quiso contar 
un cuento.

AQUÍ UN DATO CURIOSO, ¿En realidad quien fue Margarita?
Fue hija del Dr Louis Henri "El Sabio" DeBayle, un importante médico nicaragüense que estudió en París (Francia) que y regresó a Nicaragua con una máquina de rayos X. Su madre fue Casimira Sacasa de Debayle, hija del entonces presidente de Nicaragua Roberto Sacasa y Sarria y hermana del posterior presidente Juan Bautista Sacasa.
Por línea materna, Margarita provenía de una de las familias más distinguidas e importantes a nivel político del país, además que estaba ligada con lazos familiares con la mayoría de las familias de la rancia aristocracia de León, la segunda ciudad importante de Nicaragua después de Managua, la capital.
Su padre fue el médico de cabecera del poeta Rubén Darío, quien posiblemente en 1906  fue invitado a la casa de verano de la familia Debayle Sacasa en la paradisíaca isla del Cardón. Fue ahí en una tarde cerca de la playa, sentado en una roca que escribió el famoso poema "Margarita, está linda la mar" a la entonces niña Margarita, quien le había pedido que le escribiera un cuento en versos.


 A Margarita Debayle - Poemas de Rubén Darío http://www.poemas-del-alma.com/a-margarita-debayle.htm#ixzz3GagFAIV3

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